Con diez barras de chocolate, diez funditas de agua, cinco plátanos maduros, una funda de masitas y la utopía de trabajar y caminar por las calles de Nueva York, entró como polizón Miguel, de 17 años, a un barco cargado de sacos de abonos, que tenía un destino muy distinto al que imaginaba. Le acompañaban 7 indocumentados. “Los sacos decían Miami, Florida, y nosotros pensábamos que ese abono iba para
De todo en un solo lugar